Los cambios sociales a los que estamos asistiendo han llegado a tener ecos en todos los sectores sociales, estructuras e instituciones. El sistema educativo, estructura fundamental de las sociedades avanzadas, no es ajeno a estos cambios y comenzamos a observar como surgen políticas que persiguen la modernización del sistema, su mejora y adaptación a las nuevas metodologías y herramientas pedagógicas y tecnológicas, en definitiva, que buscan la introducción de las TICs en dicho sistema y sus procesos, no sólo administrativos o de gestión, sino en su vertiente más práctica y educativa.
Hoy he llegado a estos temas de la mano de uno de los
blogs de
Carmen Martín Robledo. En esta bitácora se puede leer una interesante reflexión acerca de cómo se pretende llevar a cabo la
digitalización de las escuelas y que implicaciones puede tener un proceso tal si se mediatiza excesivamente por las empresas implicadas en el proyecto, o si no se acompaña de otros cambios estructurales necesarios, como la mejora de la calidad de la enseñanza respecto a sus planteamientos y contenidos.
En mi opinión, las TIC como herramientas socialmente generadas, responden a unos patrones culturales e intencionales que, en definitiva, se identifican con los de la sociedad o grupos sociales de las cuales surgen. Uno de los ejemplos más concretos de esta conexión es el de las citadas implicaciones económicas y comerciales de la introducción de nuevas tecnologías en diversas instituciones sociales. La pregunta es, ¿se busca sólo la expansión de mercados, a través de un proceso de creación de necesidades, mediante la introducción de las TICs en el sistema educativo? Probablemente no, pero posiblemente este sea un efecto secundario de tal digitalización.
Por ello, estoy de acuerdo con los planteamientos generales de este post, en el sentido de que sólo la introducción de las TICs en la escuela no basta. Eso supondría sólo un cambio formal y necesitamos, más que nunca, sustantivar los cambios, que estos sean transformadores también en el fondo de las instituciones. Lo cual se conseguiría mediante la formación del profesorado en materias de innovación social, la aplicación y utilización de software libre, la transferencia de habilidades tecnológicas no mediatizadas por organizaciones comerciales, la expansión de las oportunidades de acceso y el fomento del uso consensuado.
Debemos estar atentos a estos procesos, planteando colectivamente las posibles alternativas, para que la implantación de los mismos conduzca a elevar la calidad de nuestro sistema educativo, mejorando las posibilidades futuras de desarrollo económico y social.
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