Me permito parafrasear este enunciado de Pierre Bourdieu, para exponer la necesidad de aplicar la actitud y el concepto de reflexividad en las dinámicas de cambio social, tema al que dedicó muchas páginas el autor citado anteriormente.
La reflexividad como actividad y herramienta sociológica, aplicable asimismo a la Sociología, nos debe conducir hacia el autoconocimiento social y hacia una mejor comprensión de nuestras acciones sociales y de sus implicaciones futuras; la reflexividad es una cuestión de responsabilidad metodológica y social.
A su vez, el autoconocimiento aporta las claves de los fenómenos sociales, sus dinámicas y su concreción cotidiana. Esta aprehensión del conocimiento social, nos brindaría la oportunidad de diseñar, sería preferible colectivamente, de una forma más respetuosa y democrática el desarrollo de dichos fenómenos.
Al entender su naturaleza social, contingente, creada, y al conocer sus procesos, estaríamos en situación de asumir conscientemente el juego de creación de necesidades y enfocarlas hacia aquellas actividades más acordes con los principios de sostenibilidad, respeto, democracia, cooperación, participación, ciudadanía global y, en definitiva, aquellas necesidades que son fundamentales dentro de lo que denomino Desarrollo Liderado por las Personas, un tipo de desarrollo humano capaz de introducir los cambios, no sólo formales, que den paso a una Sociedad del Conocimiento.
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